Cincuenta años del «boom»

03-11-2012

Transcripción de la entrevista de Mercedes Bermejo, de la agencia EFE, a Darío Villanueva, secretario de la RAE y catedrático de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago, sobre el fenómeno literario del “boom”, que cumple cincuenta años.

Publicada en distintos medios el 2 de noviembre de 2012.

Pregunta. ¿Cuál cree que ha sido la repercusión del llamado “boom” de la literatura hispanoamericana en la literatura contemporánea?

Respuesta. Muy importante. Significó el redescubrimiento de la narratividad y la riqueza expresiva para una novela que en Europa se había adocenado por culpa de formalismos inanes o instrumentalizado ideológicamente en perjuicio de los valores genuinamente literarios.

P. ¿Cuáles son, a su juicio, sus principales aportaciones?

R. La vitalidad de las historias contadas, que no eluden lo exótico, la imaginativo o, incluso, lo maravilloso, y la pertinencia de la forma narrativa tanto en lo referente a la estructura como al estilo literario.

P. En su opinión, ¿cuál es la primera obra que dio a conocer el  “boom” y a qué autores incluiría?

R. Nunca hay una primera obra. La primera obra son siempre varias. Es fundamental la producción de 1962: es el año de La ciudad y los perros del peruano Mario Vargas Llosa, pero también de Bomarzo, del argentino Manuel Múgica Láinez, de La muerte de Artemio Cruz, del mexicano Carlos Fuentes, y de El siglo de las luces del cubano Alejo Carpentier

P. ¿Cómo definiría el “boom”? ¿Cree que fue una tendencia, un fenómeno literario-editorial o un movimiento generacional?

R. No fue un fenómeno generacional, pues en él intervienen escritores de diferentes edades, desde los veteranos Jorge Luis Borges, Juan Rulfo o Alejo Carpentier hasta los más jóvenes como Mario Vargas Llosa o Manuel Puig. Fue un fenómeno literario-editorial que marcó tendencia en la literatura universal, sobre todo porque vino a rescatar a los lectores de todo el mundo del hastío al que los había condenado la novela europea y, en parte, norteamericana del momento.

P. Se acusó al “boom” de haber sido fabricado por un mercado editorial ¿Cree que en alguna medida pudo ser así?

R. El mercado editorial no escribe obras excelentes, incluso geniales, y bajo el rubro, tan expresivo como burdo, del famoso “boom” aparecieron algunas docenas de novelas de primera. Las editoriales, no solo pero sí preferentemente españolas, ofrecieron la plataforma de distribución y promoción que necesitaba una nutrida cohorte de talentosos novelistas latinoamericanos.

P. La incalculable influencia del “boom” llega hasta nuestros días. ¿Hasta qué punto las nuevas generaciones de autores hispanoamericanos no se pueden desprender de este legado?

R. No tienen por qué desprenderse de él: es una herencia envidiable. Abrió muchas puertas que siguen sin cerrárseles a los nuevos; entre ellos sigue habiendo talento, y yo creo que se dan pocos casos de seguidismo mimético de los mayores.

P. ¿Cree que hoy hay una cierta preferencia por ciertos autores en detrimento de otros? ¿Quién tendría, en su opinión, mayor presencia Vargas Llosa o García Márquez?

R. No podría contestar a esa pregunta. Las obras están ahí. Su vigencia literaria es incuestionable. Otra cosa es que este o aquel autor haya escrito más o menos, siga reeditándose menos o más en función de cómo se gestionan sus obras desde el punto de vista editorial, de la competencia de sus agentes literarios, del interés y actitud de sus herederos en el caso de que ya hayan fallecido, de la propia continuidad de su carrera literaria etc.

Rulfo sigue siendo Rulfo, independientemente de que solo publicara una novela y un libro de relatos; en el otro extremo, Vargas Llosa ha publicado recientemente El sueño del celta y recibió el Nobel de 2010.

P. Algunos especialistas opinan que  no es fácil encontrar rasgos comunes en las novelas que se consideraron emblemáticas del “boom” ¿Cuál es su opinión? ¿Qué autores responderían en mayor medida  a los cánones del “realismo mágico”?

R. El problema está en considerar el “boom” como una especie de campo de concentración en el que acaban hacinados los novelistas, vestidos todos con un mismo mono. El éxito de dicho fenómeno dependió en gran medida de la diversidad de los talentos, temáticas, estilos y procedencias de sus autores, que tenían en común fundamentalmente lo que ya dije: rescatar la novela de la grisura y elevarla hasta la brillantez del juego y de la revelación. Esto significaba, en casos como los de García Márquez, Múgica Laínez, Rulfo o incluso el propio Vargas Llosa, un tratamiento muy libre y enriquecedor de las fronteras entre realismo y fantasía.

P. Y, por último, ¿de qué forma pudieron influir las dictaduras del cono sur en el fin de la producción de los autores del “boom”?

R. En nada.